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lunes, 10 de noviembre de 2025

LA BELLEZA EN LA ERA INSTAGRAM

LA BELLEZA EN LA ERA INSTAGRAM: A PLATÓN NO LE GUSTA ESTO

Marta Gambin

No vivimos solo en la era del click, sino en la era del click superficial: clicamos aquello que llama nuestra atención y le damos like a lo que nos gusta a simple vista, sin indagar en sus causas o consecuencias. Las redes sociales son el vertedero de información gráfica más grande del hoy, un espacio abstracto y paralelo donde la vida siempre parece más bonita, más idílica. Pero ¿qué es lo bello? ¿Lo que intuimos e imaginamos en la foto o la imagen en sí? Ya dijo Platón hacia el 390 a.C. que lo que vemos puede distorsionar la realidad y que la única manera de comprenderla es abandonando la caverna. Y si Instagram es la caverna, ¿deberíamos cerrar nuestra cuenta para volver a la vida real?

Vayamos por pasos. El filósofo griego expuso su reflexión sobre la estética en la teoría de la belleza que, a su vez, se enmarca en el contexto de su conocidísima Teoría de las Ideas: en ella, el de Atenas distingue entre el mundo de la sensibilidad – aquello físico que podemos tocar – y el del pensamiento, lugar donde se halla el conocimiento. Según él, para que algo nos parezca bello, antes debemos tener la idea de que lo es, porque las apariencias son mutables, corruptas, y pueden engañarnos: vaya, que solo podemos ver la esencia de las cosas si las miramos con la mente y desde la razón. Que solo allí está la autenticidad de las cosas.

Si algo nos ha enseñado esta red social con el paso del tiempo es a dudar de todo lo que vemos. Los influencers o creadores de contenido postean material estudiosamente impostado, aparentando lo que quieren enseñar, fingiendo y huyendo de la espontaneidad. De esta manera, se proyecta una imagen premeditada que fácilmente se confunde con la inmediatez de una instantánea natural. Estas fotos montan una existencia paralela: crean un prototipo maravilloso que los usuarios confundimos con el mundo real. Y nos parece bello porque lo comprendemos así: en nuestra mente, la parte inteligible, el subconsciente ideal y el razonamiento, ratifican esa belleza en su concepto y la convierten en la verdad. Con esa mentalidad, podríamos hipotetizar que, a Platón, Instagram le parecería la panacea. Pero en el momento en que tomara un dispositivo móvil y viera que las fotos son entes que mutan con filtros, retoques y horas de preparación, se echaría las manos a la cabeza, renegaría de la belleza de lo que publicamos y etiquetaría nuestros posts de sombras engañosas que nos despistan.

Volvamos a la caverna. Allí, el mundo sensible vendría a ser el de las sombras embusteras, con figuras proyectadas por la luz del fuego que dejan boquiabiertos a los hombres. Esas imágenes son solo apariencia y para conocer la esencia de lo material y alcanzar las ideas, la verdad o la belleza, hay que salir de la cueva. Hoy vivimos en un Mito de la Caverna al revés: nos creemos que todo lo que vemos proyectado en Instagram es la realidad y deberíamos desconectarnos de la red para llegar a la idea real.

El filósofo también equipara la belleza a lo útil y a la bondad. ¿Nos hace bien subir contenido como locos, es bueno sucumbir a la dictadura del like, sirve de algo? Los estudios dicen que no: un 32% de chicas afirman sentirse peor con su cuerpo por culpa de Instagram y el 13% de usuarios británicos atribuyen a esta red social el deseo de suicidarse. La sobreexposición es tal que puede generar angustia, autoexigencia desmesurada y ansiedad, trastornos de salud mental o problemas de socialización. Eso sin contar los indicadores de vanidad, egolatría y narcicismo, que desarrollan una dependencia de la admiración de los demás que puede acabar convertida en adicción. En ese sentido, los datos también son más que preocupantes: según un informe reciente de Unicef, uno de cada tres adolescentes hace un uso problemático de Internet.

Todos estos atributos son contrarios a lo que el pensador griego consideraba como bello. Él definía la belleza como “aquello que gusta, que atrae, que despierta admiración, agrado, fascinación”, algo que, decía, se consigue con el deseo, con el amor. Si bien cuando empiezan a usarse, las redes sociales pueden crear ese espejismo, tras de sí ocultan auténticos desiertos áridos de arena que poco tienen que ver con la autoestima o la sororidad. Si como decía Platón, el amor – el que nace del auténtico cuidado personal y grupal – es la fuerza que aspira a llegar a la idea de belleza, a ese intangible perfecto, el auge de las redes debería estar ya tocado de muerte.

Tomado de https://www.elnacional.cat/es/cultura/belleza-instagram-platon-no-gusta_674639_102.html



CUESTIONARIO

Como ya se había mencionado en alguna ocasión en clase, una forma de hacer ensayos o artículos filosóficos es tomar un elemento de realidad y verlo a través de las ideas de algún filósofo:

1. ¿Qué elemento de la realidad es "observado" a través de las ideas de Platón?
2. ¿Qué ideas de Platón son retomadas en este texto?
3. ¿De que trata el Mito de la Caverna mencionado en el texto?
4. ¿Cómo se relaciona con el tema tratado en este texto?
5. Según Platón, lo bello es útil y bueno al mismo tiempo, ¿qué se dice de lo que se presenta en Instagram?
6. ¿Qué datos se presenta para sostener esas afirmaciones?
7. ¿Por qué se dice que al principio Platón aceptaría Instagram y después lo rechazaría?
8. ¿Qué relación tiene la imagen de hasta el final del texto con lo mencionado en este artículo?
9. ¿Cuál es el mensaje total de este texto?
10. ¿Será cierto lo que se dice o se está exagerando? ¿Tú qué opinas? 

martes, 28 de octubre de 2025

SOMOS FINES, NO MEDIOS

SOMOS FINES, NO MEDIOS

¿Qué es la dignidad humana? Es el valor que tenemos por el simple hecho de ser humanos. Cada uno de nosotros es importante no por nuestra nacionalidad, nuestro dinero, color de piel o utilidad dentro de la sociedad.

Kant reconocía este valor propio de los humanos y por eso su imperativo categórico señala claramente: “Tratemos a las personas como fines, no como medios”. ¿Qué significa esto? Que nadie debe ser utilizado como un medio para alcanzar otro fin. En el momento en que una persona es utilizada como un medio se le está tratando como una cosa, como un recurso, como un objeto.

Un objeto me puede ser útil en un momento determinado y cuando ya no me sirve lo puedo vender, tirar, destruir o regalar. Para Tere su theremín le era útil pues gracias a él hacía música. Sin embargo, cuando pretendió dejar su pasión, lo tiró como un objeto inútil. Al final, si decidía tirar su theremín a la basura no habría problema: es un objeto y ya. Su valor, en este caso, radica en su utilidad. Cuando deja de ser útil pierde dicho valor.

Sin embargo, el valor de una persona no debería perderse en ningún momento. Sigue siendo valiosa hoy y siempre.

¿Qué ocurre con el Coco? Se interesa por Tere porque ella tiene algo que desea: Su pasión. Le dice que le va a ayudar, que es alguien de confianza, que puede encontrar una solución a sus problemas. Sin embargo, cuando obtiene lo que desea (la pasión de Tere por la música), la desecha y deja abandona en la calle.

Ésta es una historia fantástica pero nos muestra cómo, a final de cuentas, cuando alguien nos utiliza nos ha robado, aunque sea por un momento, algo muy importante: nuestra cualidad de humanos. ¿Por qué? Porque, aunque sea por un instante, hemos sido tratados como cosas, como objetos. Hemos sido un medio para que otro, a través de nosotros, alcance un fin determinado. Tere, abandonada en la calle, es ahora como una caja vacía que ya no contiene aquello que alguien (el Coco en este caso) deseaba. Ha sido desechada.

Y si en este mundo hay actos realmente malos esos son tratar a la gente como cosas, como medios. ¿Por qué? Porque les quitamos su dignidad, su valor como humanos. Por eso, si lo pensamos, los monstruos de las historias (los malos) son aquellos que han cosificado a alguien. Para los monstruos no somos personas. Somos comida, somos juguetes, somos cosas que pueden romper, desechar, destruir.

Y, por desgracia, los monstruos no son sólo seres de ficción, somos nosotros mismos cuando tratamos indignamente a los demás. Los compañeros de Tere no son seres sobrenaturales pero son pequeños monstruos que toman a la protagonista precisamente como “objeto de sus burlas”. Los que cometen bullying están diciendo: “Somos más que tú, tú eres menos. No eres persona, eres una cosa de la cual nos podemos burlar. Eres nuestra diversión hasta el día en que nos cansemos”.

Todos, por ser seres humanos, tenemos derechos inalienables. Uno de ellos es el derecho al sano desarrollo de nuestras capacidades. Tere pudo haberse desarrollado como música. Era como una plantita que podría convertirse en un gran árbol y dar frutos. Pero sus compañeros no lo permitieron. Si a Tere la hubieran tratado como un fin, según palabras de Kant, entonces se le ayudaría para desarrollarse como persona.

Debemos recordar constantemente que no debemos aprovecharnos de las personas. Que debemos de actuar por ellas y no a través de ellas. Si así fuera, tal vez éste sería un mundo mejor.


domingo, 26 de octubre de 2025

¿ES SPIDER-MAN KANTIANO?


El siguiente texto es una adaptación del artículo publicado en el sitio Cinemanet y fue escrito por Pedro Gutiérrez Recacha bajo el título "Una aproximación ética a los superhéroes (I): ¿Es Spider-Man kantiano?" 

¿ES SPIDER-MAN KANTIANO?

Pedro Gutiérrez Recacha

Tradicionalmente, los tratados de ética suelen destacar dos aproximaciones fundamentales: la de Immanuel Kant (típico ejemplo de ética deontológica, basada en su conocido imperativo categórico) y la de Aristóteles (típico ejemplo de ética material, basada en la eudemonía y su conocida regla del término medio). 

Kant dedica la segunda parte de su Crítica de la razón práctica (1788) a reflexionar sobre cómo podría llevarse a cabo una adecuada educación de la moralidad de las personas, particularmente de los jóvenes. En estas páginas, Kant señala la importancia que encierra para su formación el presentarles narraciones con personajes que puedan ser tomados como ejemplos morales. Ahora bien, habría que tener especial cuidado al seleccionar dichos héroes, pues sería recomendable que éstos no fueran excesivamente triunfalistas ni llevaran a cabo sus buenas acciones pensando en alcanzar beneficios materiales, reconocimiento social o por el mero disfrute de hacer el bien. 

Muy por el contrario, Kant nos esboza con un par de trazos cómo debe ser este héroe ejemplar: un individuo que, una vez tomada una decisión moral, comprueba que ésta le priva de recompensas, le procura pérdidas, despierta la enemistad de sus amigos, le hace merecer la censura de sus familiares… y que, aun así, “sin titubear ni dudar tan siquiera, permanece fiel a su resolución de rectitud”. Es decir, un individuo con capacidad de sacrificio. 

Desde luego, se diría que las palabras kantianas resonaban, más de dos siglos después de ser escritas, en las mentes de Stan Lee y Steve Ditko cuando concibieron en 1962 el cómic en el que debutaría el que se convertiría en superhéroe emblema de Marvel: Peter Parker, alias Spider-Man.

Kant, a diferencia de Aristóteles, considera que el sumo bien al que puede aspirar el hombre no es sólo la felicidad: es ser feliz y además merecerlo. La ética sólo nos garantizaría la segunda parte de la ecuación. Quien se comporte moralmente, será digno de la felicidad, pero no la tendrá asegurada (al menos en esta vida, porque Kant postula la existencia de Dios como garante de la recompensa final del hombre bueno)… Efectivamente, nuestro arácnido personaje en ese sentido es puramente kantiano, pues ha de ver con frecuencia cómo su labor heroica interfiere en su vida privada con nefastas consecuencias —por ejemplo, cuando el joven Parker no aparece en una cita porque tiene que convertirse en Spider-Man para hacer frente a una amenaza pública, con el comprensible enfado de la muchacha convidada… por no mencionar situaciones más graves en las que incluso su doble vida llega a poner en peligro la seguridad de sus seres más queridos; si no, recordemos lo que sucede en la primera película de Spider-Man, dirigida por Sam Raimi (2002) cuando el maligno Duende Verde averigua su identidad secreta—, a menudo sus acciones en beneficio de la comunidad sólo le granjean el rechazo de ésta —ahí tenemos las sempiternas campañas del director del Daily Bugle, J. Jonah Jameson, en su contra—, ocasionalmente incluso es tomado por un criminal y perseguido por la policía… y las peleas con los distintos supervillanos le dejan como único dividendo un cuadro de heridas, moratones y contusiones de diversa consideración.

Teniendo en cuenta este panorama más bien pavoroso, podemos preguntarnos qué es lo que hace que Peter Parker siga queriendo enfundarse sus mallas rojiazules para continuar ejerciendo de nuestro amistoso vecino el hombre araña. Podríamos aventurar una respuesta típicamente kantiana a esta pregunta: si Peter Parker lo hace, es por deber. Efectivamente, el concepto de deber es la clave de bóveda de toda la ética del autor de la Crítica de la razón pura. Kant entiende por deber una norma altamente formal (es decir, que puede generalizarse y ser aplicada cualquiera que sea la situación) e incondicionada (no está determinada por aspectos concretos de la situación… lo que tiene una severa implicación: ¡no valen excusas para no cumplirla!). 

El deber se transforma así en el “imperativo categórico” kantiano, que en su enunciado más conocido nos dice que tenemos que tratar a los demás siempre como fines en sí mismos y nunca como meros medios para nuestros propósitos. A partir de este principio general, válido para cualquier ocasión, podría deducirse cualquier norma ética concreta.

Pues bien, Spider-Man también ha asumido su propio imperativo categórico o, lo que es lo mismo, su regla fundamental con la que guiar su existencia. Se resume en una frase que, invariablemente, suele ser pronunciada en algún momento de todas sus adaptaciones cinematográficas: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Estas palabras no nacen espontáneamente, sino que reflejan un duro aprendizaje vital: es la lección que el joven Parker ha tenido que aprender después de que, tras recibir sus superpoderes mediante la picadura de una araña mutada, su propia negligencia causara indirectamente el fallecimiento de su amado tío Ben. Como el imperativo categórico kantiano, Spider-Man acepta libremente esta fórmula como una norma práctica suprema que se impone a cualquier otra inclinación o motivación.

En este sentido, el final del primer Spider-Man de Raimi es ejemplar, pues nos muestra la determinación moral del joven Parker (Tobey Maguire), dispuesto incluso a renunciar a una relación amorosa con su anhelada Mary Jane (Kirsten Dunst) para asumir su deber como protector enmascarado de Nueva York (¡un ejemplo que, a no dudarlo, hubiera hecho las delicias de Kant!). 

Por finalizar nuestra pequeña disquisición spider-kantiana, digamos que el rasgo moral fundamental de Spider-Man como héroe es su sentido de la responsabilidad, algo muy ligado a toda ética deontológica, es decir, basada en el concepto de deber. La recompensa por cumplir con el deber no es la felicidad, sino, como bien señalaba Kant, un sentimiento mucho más profundo: el respeto por uno mismo. Spider-Man puede no ser un héroe feliz, pero es un héroe que puede sentir respeto por sí mismo.

La versión completa de este artículo se puede leer en la siguiente dirección: https://www.cinemanet.info/2013/02/una-aproximacion-etica-a-los-superheroes-i-es-spider-man-kantiano/

También hay una versión resumida de este artículo en el siguiente enlace: Spiderman kantiano.

Contesta las siguientes preguntas en tu cuaderno:

1. ¿Qué es una ética deontológica?

2. ¿Cuál es el sumo bien que debe alcanzar el hombre  según Aristóteles y según Kant?

3. ¿Cómo deben ser los héroes que se deben de tomar de modelo según Kant?

4. ¿Por qué Spiderman se clasificaría como un héroe kantiano?

5. ¿Qué es un imperativo categórico?

6. ¿Cómo expresa Kant el imperativo categórico?

7. ¿Cuál es el imperativo categórico de Spiderman?

8. ¿Cuál debería ser la recompensa para el que cumple con su deber?

9. Menciona el título de dos obras de Kant.

10. ¿Tú qué piensas? ¿Se debe siempre cumplir con el deber aunque eso nos pueda perjudicar de forma personal?

domingo, 5 de octubre de 2025

¿ES BATMAN ARISTOTÉLICO?

¿ES BATMAN ARISTOTÉLICO?

Pedro Gutiérrez Recacha

La ética de Aristóteles es, en esencia, una ética eudemonista, esto es, orientada hacia la felicidad (entendida ésta como plenitud, como excelencia o perfección de lo auténticamente humano). Los hombres buscaríamos dicha felicidad a través de múltiples acciones, pero sólo la podríamos encontrar en una vida virtuosa. Según nos expone el estagirita en su Ética a Nicómaco, la moral se edifica siguiendo un modelo de tres niveles (que, metafóricamente, podríamos visualizar como una casa de tres pisos). 

Un Aristóteles hecho con IA

En el nivel inferior (los cimientos, podríamos expresarlo así), el compromiso moral comienza con un primer paso: el acto. Pero Aristóteles nos advierte: un acto bueno no nos convierte automáticamente en buenos, de la misma manera que una golondrina no hace verano. Sólo mediante la repetición de este tipo de acciones puntuales podremos acceder al segundo nivel ético: el hábito. 

Un hábito no es sino un acto repetido que empieza a convertirse en costumbre. Cuando el hábito se interioriza hasta el punto de tornarse parte de nuestra personalidad, entonces hemos dado el salto al tercer nivel del contenido ético, digamos que al tejado del edificio moral aristotélico: el carácter. El hábito enraizado en nuestro carácter se convierte en virtud (si es positivo) o en vicio (si es negativo). Y ahí ya podemos empezar a hablar de hombres virtuosos o viciosos…

Entrenando duro...

Centrándonos ya en nuestro hombre murciélago, podríamos decir que el millonario Bruce Wayne, alter ego de Batman, es un hombre que moralmente se ha ido construyendo a sí mismo. La trágica muerte de sus padres cuando era un niño ha terminado embarcándole en una cruzada contra el mundo del crimen y ha hecho de él un justiciero… pero no de forma instantánea. Digámoslo así: Wayne no ha pasado de ser un ser humano normal y corriente (si es que se puede considerar como “normal y corriente” a un rico heredero, claro) a ser un héroe en un en un instante, mediante una suerte de conversión.

Siempre los padres de Bruce...

Cuando el joven Wayne se propone dedicar su vida a preservar la ley en Gotham, todavía no es un héroe. Cuando comienza a entrenar para poder desarrollar su capacidad de combate cuerpo a cuerpo contra los maleantes, cuando decide utilizar sus recursos económicos para dotarse de herramientas adecuadas para su lucha o cuando tiene sus primeras escaramuzas frente a criminales,  podemos afirmar que ha llevado a cabo algunas acciones virtuosas o heroicas… ¡pero él mismo aún no es un héroe! Únicamente en el momento en que, mediante la repetición de acciones de tal guisa, éstas acaban por constituir una parte sustancial de su vida y de su carácter, podemos llamarle auténticamente “héroe”. Wayne no habría hecho sino “apropiarse” de la virtud del heroísmo.

Efectivamente, las virtudes no serían otra cosa que posibilidades apropiables, susceptibles de ser asimiladas dentro de nuestro carácter mediante la práctica y el hábito. Una vez adquiridas, las virtudes sedimentan sobre la personalidad dando lugar a lo que podríamos denominar una “segunda naturaleza”. 

Así, podría decirse que Bruce Wayne ha heredado un determinado temperamento (bon vivant, millonario, seductor, amante del lujo, caprichoso…) sobre el que él mismo ha ido superponiendo, mediante un esfuerzo y una práctica constantes, un tipo de carácter muy distinto (justiciero, valeroso, luchador contra el crimen… desde luego, resulta revelador a este respecto que Batman carezca de superpoderes propiamente dichos, y que su fortaleza física y su agilidad mental respondan únicamente a años de disciplina y entrenamiento). 

Puesto que Aristóteles formuló la conocida máxima del término medio (según la cual la virtud moral se situaría equidistante entre dos contravalores o extremos igualmente viciosos), probablemente estuviera de acuerdo en afirmar que, para ser prudente, nuestro personaje tendría que saber combinar la personalidad enmascarada de Batman con la identidad secreta de Wayne en la proporción adecuada, quizá adoptando la valentía del justiciero pero sin ser arrastrado por la temeridad, y quizá tomando una pizca de la capacidad de disfrutar la vida del magnate, pero sin caer en el hedonismo exacerbado.

"¡Ya déjame en paz!"

La virtud es la posibilidad de enlazar acto noble con acto noble hasta articular un carácter. Pero esta segunda naturaleza, laboriosamente erigida, también puede deteriorarse o incluso perderse. Para ello basta con caer en la indolencia: el desistimiento nos conduce a la pérdida de nuestros buenos hábitos y, por ende, a la debilitación de nuestra constitución moral. La última plasmación en celuloide de las aventuras del hombre murciélago, el film El caballero de la noche asciende (The Dark Knight Rises, Christropher Nolan, 2012) pone de manifiesto nuestras afirmaciones anteriores. La historia se abre ofreciéndonos la imagen de un Bruce Wayne (Christian Bale) estragado en lo físico, en lo psicológico y en lo moral. Nuestro protagonista ha decidido abdicar tanto de su misión como protector enmascarado de Gotham como de su responsabilidad como propietario de las empresas familiares, encerrándose en su mansión y aislándose del resto del mundo.

Bruce Wayne (Christian Bale) ya sin ganas de chambear

Batman ya no es un héroe. Ha perdido su virtud heroica por el desuso y a lo largo de la narración deberá ir reconstruyéndola con esfuerzo, acto a acto. Por cierto, desde la perspectiva aristotélica también podría resultar relevante otro personaje, Selina Kyle (Anne Hathaway), alias Catwoman, por cuanto implica otro proceso de construcción de un carácter virtuoso. 

Inicialmente Selina Kyle no es más que una astuta ladrona, pero la irrupción del villano Bane (Tom Hardy) y la subsiguiente crisis desencadenada en Gotham le conducirán a un replanteamiento moral —quizá no esté de más recordar aquí el papel fundamental que la ética aristotélica concede a la deliberación interior como paso previo para determinar la mejor acción—. Dicho replanteamiento supondrá el abandono de sus viejos hábitos delictivos y la incorporación de conductas heroicas, que, paso a paso, se irán metabolizando hasta dar lugar, al cabo, una personalidad heroica.

Selina Kyle (Anna Hathaway)

Hay quienes han querido enfrentar a los personajes de Spider-Man y Batman afirmando que podrían personificar posturas éticas opuestas. Una discrepancia sería la que atañería al origen psicológico de las motivaciones morales de ambos personajes. La de Batman descansa en la dramática constatación de que en la sociedad existe el mal, así como de que dicho mal puede afectarnos (verbigracia, el asesinato de los padres de Bruce Wayne), por lo que deberíamos aprestarnos a combatirlo. La de Spider-Man, sin embargo, supone un mayor nivel de profundidad, pues involucra el concepto de culpa: supone no sólo la anterior verificación de que en la sociedad existe el mal, sino que a la misma añade el descubrimiento de que nosotros, con nuestra propia imprudencia, podemos causar dicho mal (Peter Parker, por omisión, provoca involuntariamente el asesinato de su tío Ben). De ahí que Batman pueda poner límites a su tarea heroica y llegar a un punto en que considere que, dicho en términos coloquiales, ya ha hecho lo suficiente y ha llegado la hora de retirarse a otros menesteres (recordemos que la ética aristotélica es eudemonista, y que, para el discípulo de Platón, el retiro del sabio constituye una de las formas más elevadas de felicidad). 

De nuevo parece latir aquí la diferencia entre una ética aristotélica, de carácter material (que se centra en las conquistas morales que ya hemos alcanzado bajo la forma de virtudes), y una ética kantiana, de carácter formal (que se centra en el trecho que todavía nos falta por recorrer, pues el imperativo categórico, por cuanto supone un horizonte moral inalcanzable, nos propone una tarea ética infinita en la que embarcar toda nuestra existencia). 

Tomado y adaptado de: https://www.cinemanet.info/2013/02/una-aproximacion-etica-a-los-superheroes-ii-es-batman-aristotelico/


sábado, 16 de septiembre de 2023

BENSON Y LOS TRES TIPOS DE VIOLENCIA SEGÚN JOHAN GALTUNG

BENSON Y LOS TRES TIPOS DE  VIOLENCIA SEGÚN JOHAN GALTUNG

El tema de la violencia es muy complejo. Abarca diferentes aspectos y elementos de manera tal que no es simplemente decir que la gente es mala porque sí, porque es su naturaleza, tal como creía Thomas Hobbes. Las acciones violentas se han estudiado desde diferentes ángulos. Una de las teorías que sirven para explicar este fenómeno multifactorial son las ideas que nos expone Johan Galtung.

Para explicar estos conceptos veámoslos aplicados a los hechos presentados en el capítulo "Piensa positivo" del programa "Un Show Más". En este capítulo vemos como Benson grita constantemente debido a la ira que siente ante las tonterías causadas por Mordecai y Rigby. Galtung llama "Violencia directa" a la violencia que realiza un determinado actor en un momento determinado. Es la violencia que podemos percibir: Son los constantes gritos y arrebatos de Benson, acciones que sufren Mordecai y Rigby además de las cosas de Benson cuando él, en un ataque de ira, las rompe en su departamento.

Sin embargo, Galtung dice que tras esa violencia directa existen otras dos violencias que no se ven pero que la hacen posible. La primera de estas "violencias invisibles" es la llamada "Violencia estructural". Galtung nos dice que son las condiciones materiales en las que se desarrolla el individuo: es su medio ambiente, es la sociedad, la economía, las cuestiones estructurales que promueven que las personas dejen salir esa violencia. Es una forma de vida y sociedad que no permite el desarrollo pleno del individuo y que limita la satisfacción de necesidades incluyendo en ocasiones las más básicas. Benson es un trabajador que tiene un empleo desagradable (no soporta a sus subordinados) pero no lo puede dejar porque para él es todo lo que tiene. Al parecer ya no tiene una familia, no está casado, por lo tanto vive solo en un departamento rentado y podemos suponer que sus necesidades afectivas y económicas no están satisfechas del todo. Aunque no vive en un ambiente de miseria, vive la situación de muchos asalariados que tienen que soportar el día a día porque no les queda de otra para subsistir. Es una situación triste pero que al final causa frustración y molestia las cuales, tarde o temprano, se las cobran como actos violentos. 

Por otra parte, Galtung nos habla de una "Violencia cultural", la cual es todo el sistema de creencias que una sociedad tiene para justificar la violencia. Son las ideas, los prejuicios , las formas de ver el mundo, que nos dicen: "si no es malo, al contrario es de lo más normal", "está bien de ese modo", "si se lo merecen!, etc. En el caso de Benson esto lo podemos ver en su familia la cual es violenta: todo lo quieren resolver a través de gritos y cuando Benson pide la sal su padre le da una "lección de vida" que nunca olvidará: "No conseguirás nada si no es a través de gritos". El padre de Benson justifica estas acciones violentas y ve bien que su hijo las haga. De este modo, Benson interioriza ese comportamiento y considera que esa forma de actuar es la correcta. Al final, bajo esa creencia guía su vida.

lunes, 30 de marzo de 2020

LA PANTERA ROSA Y LA ÉTICA

La Ética es la rama de la filosofía que trata el problema del bien. Todos nosotros, tarde o temprano, realizamos acciones que pueden calificarse éticamente. ¿Cómo decir que hemos actuado correctamente? ¿En qué fundar nuestra respuesta? Son dos los puntos de vista que pueden arrojar luz al respecto. Por un lado, tenemos a Aristóteles cuya ética es una ética teleológica, es decir, centrada en fines. Por el otro, tenemos a Immanuel Kant cuya ética es una ética deontológica, es decir, centrada en el deber. Veamos esto a través de lo que le sucedió a la Pantera Rosa en el capítulo “Super Rosa”.


En este capítulo, la Pantera Rosa quiere seguir los pasos de un superhéroe pero todo lo que hace le sale mal. Pretende ayudar a una viejecita pera en cada una de las ocasiones la venerable anciana termina golpeada, robada, sin casa, sin auto, etc. ¿Hizo bien la Pantera Rosa? Aristóteles dirá que no y es que para el filósofo griego lo importante de la acción son sus consecuencias. Si los resultados son buenos entonces el acto es bueno. Si al querer salvar al gato lo logra sin perjuicio de nadie entonces el acto es bueno. Sin embargo, como la Pantera Rosa termina tirando el árbol y éste destruye la casa de la viejita ese acto, por muy loable que sea, termina siendo malo. Por eso se dice que Aristóteles es un filósofo teleológico: lo que importa son los fines que se han alcanzado.


Kant, por el contrario, dirá que la Pantera Rosa, aunque falló en todos sus intentos, actúo correctamente. Y es que Kant consideraba, precisamente, que nuestros actos podían tener múltiples resultados (algunos agradables y otros no tanto). Por consiguiente, es la intención lo que importa no el resultado final. Es decir, la Pantera Rosa siempre tuvo la intención de hacer el bien aunque no lo lograra. Nunca actúo de mala fe. Al contrario, era guiada por un deber propio de todo superhéroe: Ayudar al prójimo. Kant dirá que lo único que importa es la buena intención, por eso se dice que es un filósofo deontológico, es decir, centrado en el deber ser.


Todo acto tiene, por lo menos, dos aspectos: una intención y un resultado. ¿Por cuál nos inclinamos? Dejamos esta pregunta para continuar un debate que lleva siglos realizándose. 

Dejo el video para que lo disfruten.

miércoles, 29 de mayo de 2019

VIDEO-ENSAYOS SOBRE "ASIMILACIÓN AUTOERÓTICA"


Buscando en internet me encontré estos dos videos que pueden considerarse como ensayos debido a que sus respectivos autores hacen reflexiones sobre este capítulo de "Ricky y Morty" apoyándose en las ideas de otros filósofos. Cada videobloger trata el capítulo a su manera pero coinciden en lo fundamental. ¿Qué es preferible: la libertad a riesgo de que la gente elija el camino del mal o el control que obliga a las personas a seguir el camino del bien?



domingo, 26 de mayo de 2019

ENSAYO SOBRE "EL DIENTE DE LA VERDAD"


¿Es bueno o es malo mentir? En general, lo que siempre nos ha dicho es que mentir es malo y, hasta cierto punto, esto es cierto. Mentir hace que no confiemos en las personas y la falta de confianza hace que nuestra vida no sea mejor. 

Kant diría que no importa cuales sean las consecuencias de nuestros actos, siempre se debe cumplir con el deber moral y nuestro deber es decir la verdad. Por tal motivo, Mabel se comporta de manera kantiana pues considera que su tío debería de decir la verdad en todo momento. Sin embargo, ya en la práctica, se da cuenta de que esto no es tan conveniente como suponía.

A Kant se le ha criticado en muchas ocasiones que su ética deontológica es prácticamente imposible de llevar a cabo o que, de realizarse, traería más problemas que soluciones. Lo vemos claramente con el tío Stan y no tanto por el hecho de que podría haber terminado en la cárcel por todos sus fraudes (a final de cuentas, “mentir es malo”, ¿no es así?), sino por el hecho de que al decir tal cual lo que piensa, como por ejemplo, al expresar lo feo que era un cliente, lo que hacía era molestar y herir a los demás.
Esto nos hace pensar en lo que decía Aristóteles. Para él, la virtud está en el punto intermedio entre dos actitudes extremas que, precisamente por extremas, se les consideraban viciosas. Así, mentir de manera constante, es un vicio y eso es lo que, en general, hacía el tío Stan. Sin embargo, el otro extremo, el decir siempre la verdad de manera cruda y directa, no por estar en el otro extremo se podía considerar como una virtud. No, para nada. Tanto mentir constantemente como ser demasiado sincero son extremos perjudiciales. El punto medio sería decir la verdad cuando sea necesario decirla y mentir cuando realmente lo amerite. 

Esto también nos hace pensar en lo que dijo alguna vez Vladimir Jankélévitch de que la sinceridad sin amor no valga nada. Cuando mentir sirve para salvar una vida, nuestro deber es mentir. Jankélévitch hace eco de las palabras del apóstol San Pablo, y dice que el amor es lo que da valor a todas las virtudes. Sin amor, la virtud no es más que un “címbalo que retiñe”, es decir, algo hueco y sin sentido. Stan dice la verdad de manera automática, sin amor en lo que dice, por tal motivo, hiere y molesta y eso no lo hace virtuoso. Por el contrario, aunque Mabel se siente mal por haber mentido a la policía, lo hizo para salvar a su tío de la cárcel porque siente cariño por él. Para Mabel su tío fue más importante que el deber de decir la verdad. Tómala, Kant.

Y regresando con Aristóteles, él, como buen filósofo teleológico, consideraría que la mentira de Mabel fue buena porque la consecuencia fue buena (evitó que su tío terminara en la cárcel), aunque, legalmente, el tío Stan se merecía eso y mucho más por todas las veces que violó la ley y se burló de los policías de Gravity Falls. Pero, ¿hizo bien Mabel al ponerle los dientes mágicos a su tío? Mabel buscaba hacer algo bueno y las consecuencias fueron malas. Kant diría que esta situación es precisamente la gran falla de las éticas teleológicas. Kant se pregunta: ¿cómo estar seguros de que mis actos se llevarán a consecuencias buenas? No hay modo. Mabel cambia los dientes de su tío con la intención de que siempre diga la verdad y, al final, esto trajo consecuencias desagradables. Por tal motivo, Kant dice que lo importante no son las consecuencias de los actos, sino la intención con la que se hacen. Por eso, Mabel hizo bien porque lo hizo en el nombre de la verdad.

Sin embargo, el tío Stan estaba imposibilitado para mentir. Por tal motivo, no es que quisiera decir la verdad, simplemente no podía mentir. De este modo, aunque hacía algo “bueno”, como no era parte de su verdadero querer el hablar con la verdad, entonces lo que hacía no era moralmente bueno. Además, Sartre nos dice que aquello que nos hace humanos es precisamente nuestra capacidad de elegir, nuestra libertad. Las cosas son seres en sí y, por lo tanto, no eligen, simplemente están ahí en el mundo. Nosotros, por el contrario, somos seres para sí porque somos capaces de elegir para nosotros lo que en un momento consideramos mejor para nosotros. Al quitarle su libertad, Mabel convierte a su tío de un ser para sí en un ser en sí, es decir, lo convierte en una máquina de decir verdades pero no en un ser humano capaz de elegir la verdad si es que así considera que debe de hacerse.

Desde este punto de vista podemos entender, entonces, que Dipper se horrorizara de esta acción realizada por Mabel. Hasta cierto punto, en favor de un supuesto bien mayor, Mabel estaba deshumanizando a su tío. Dice un dicho y dice bien: el infierno está empedrado de buenas intenciones. ¿Cuántas veces por querer hacer un bien la gente termina haciendo un mal? Lo bueno es que, como buena caricatura, todo termina bien para todos. No así en nuestro mundo, donde ciertas acciones pueden traer consecuencias irremediables. De ahí que ser libres sea algo angustiante (Sartre dixit).  



domingo, 3 de marzo de 2019

SOLO ACOMODEN LAS SILLAS


En este capítulo del programa “Un show más”, podemos observar lo que Fernando Savater nos dice acerca de la libertad: “Haz lo que quieras”. Mordecai y Rigby tenían como encargo acomodar las sillas para una fiesta infantil y le dieron muchas vueltas para hacerlo. Aunque ellos son empleados del parque y es parte de su deber como trabajadores hacerlo, como no querían, no lo hacían. 

Sin embargo, Mordecai se sentía más “motivado” por el hecho de que si cumplían con esa tarea entonces ya no tendrían que hacerla nunca más. RIgby, por el contrario, se dejaba llevar por la emoción del momento y no pensaba en el futuro. Savater nos dice que muchas veces elegimos tomando en cuenta el momento presente sin pensar en lo que podríamos obtener mejores cosas a futuro. Por tal motivo, nos cuenta la historia de Esaú y Jacob para hacernos reflexionar que aunque somos libres para hacer algo, no por eso debemos de dejarnos llevar por un impulso momentáneo. 

Ya hemos mencionado que Aristóteles dijo que siempre elegimos un bien aunque no precisamente elegimos bien. Cuando Mordecai y Rigby quieren jugar “El destructor de mundos” pensaban que elegían un bien pues creían que el juego sería emocionante y divertido (algo que les causaría placer), sin embargo, su decisión trajo consigo la destrucción del parque e incluso (si lo pensamos detenidamente) la muerte de dos seres (el payaso y el caballo del “espectáculo especial”). Las consecuencias de sus actos fueron peores a que simplemente hubieran acomodado las sillas como se les había pedido desde el principio.

La frase “Haz lo que quieras” suena llena de grandes promesas. Pero ni podemos hacerlo todo (no somos omnipotentes) ni debemos hacerlo todo (hay normas que nos indican que ciertas acciones no deben realizarse). Creer que podemos hacerlo todo sin importar las consecuencias de nuestros actos es una gran irresponsabilidad. A veces por hacer lo que se nos pega la gana en este momento puede perjudicarnos a nosotros y a los demás. Hay que jerarquizar nuestros prioridades y darnos cuenta de que a veces es preferible sacrificar un poco el momento presente por un bien mayor que perderlo todo por un plato de lentejas.


Dejo el video por si alguien quiere volver a verlo. Que lo disfruten.

domingo, 24 de febrero de 2019

ENSAYO SOBRE "LA BATALLA DE LA MANTEQUILLA"



Theodor Seuss Geisel fue un escritor y caricaturista estadounidense, conocido por sus libros infantiles escritos bajo su seudónimo, Dr. Seuss. Escribió libros tan populares como ¡Cómo el Grinch robó la Navidad! (How The Grinch Stole Christmas), El Lorax (The Lorax) y El gato en el sombrero (The Cat in the Hat).



En La Batalla de la Mantequilla podemos observar la historia de dos pueblos, los Yooks y los Zooks, que tienen “serias” diferencias por algo tan “fundamental” como el hecho de poner la mantequilla en el lugar correcto del pan. ¿Pero quién establece cuál es el lugar correcto?



Recordemos que la moral es la serie de costumbres y comportamientos que un pueblo tiene y a través de los cual se juzgan ciertos actos como correctos o incorrectos, como buenos o malos. La moral es algo particular, en el sentido de que cada grupo humano puede tener ciertas reglas y normas que regulan su conducta y que se han transmitido de generación en generación. Por tal motivo, pueden existir tantas morales como grupos.

En la historia de La Batalla de la Mantequilla tenemos dos pueblos y, por lo tanto, dos morales. Simplificando las cosas, su valor fundamental es el lado donde se unta la mantequilla: los Yooks lo hacen por la parte de arriba y los Zooks por la de abajo. Veamos dos hechos: en primer lugar, nosotros como espectadores de este “drama” vemos todo desde el punto de vista de un Yook (el abuelo) y es a través de sus ojos que juzgamos a los Zooks, del mismo modo, como su forma de untar la mantequilla es igual a la nuestra existe, de momento, una cierta identificación con este grupo y podemos suponer que los Zooks están equivocados o que su forma de untar es absurda.

Sin embargo, conforme avanza la historia nos damos cuenta que los Zooks piensan exactamente lo mismo de sus vecinos Yooks y que sus vidas parecen ser exactamente iguales a excepción de ese detalle. ¿Qué pretende decirnos el doctor Seuss con todo esto? Que a veces las diferencias entre los pueblos pueden ser tan pequeñas que no deberíamos de darles importancia y, sin embargo, son las diferencias las que nos hacen juzgar al otro como malvado.

Los valores son la fuente de las normas. Es decir, si cierto tipo de comportamiento se considera como el mejor, las normas deben de llevar a los individuos a que elijan esos comportamientos que son el reflejo de dichos valores. Así, por ejemplo, el respeto (el valor) lleva a normas como “debes cuidar lo que no es tuyo”, “prohibido robar”, “debes respetar a tus mayores”, etc.



En La Batalla de la Mantequilla vemos que su valor “la mantequilla en la parte de arriba” lleva a normas como “debes de untar la mantequilla siempre por la parte de arriba y nunca por la de abajo”, “un Yook honrado siempre unta la mantequilla por arriba”, “Por mi honor, juro solemnemente untar la mantequilla por el lado de arriba”, además de pegar carteles con esas normas, cantar himnos, etc. Y todo está bien dentro de su sociedad pero ¿es necesario obligar a los que no piensan de ese modo? O, peor aún, ¿a destruirlos? Y lo mismo se aplica a los Zooks que tampoco están tan libre de culpa.

Su carrera armamentística es el reflejo de “proteger” su propio mundo de maneras de pensar diferentes. El doctor Seuss escribió este libro en plena Guerra Fría (1984) y es a través de esta historia que critica la situación que se vivía en ese momento entre los Estados Unidos y la URSS. Sin embargo, su mensaje trasciende el tiempo y el espacio y nos hace ver cómo a veces no somos capaces de aceptar al otro simplemente porque sus costumbres pueden ser ligeramente diferentes a las nuestras.

El valor que Yooks y Zooks le dan a la mantequilla y su lugar en el pan no debería estar por encima de otros valores superiores como el respeto que un pueblo debe tener por otro y por la paz que debe de existir entre las naciones. Por eso, como bien dijo el Benemérito de las Américas, don Benito Juárez en su tal vez choteada frase pero que no por eso deja de ser una gran verdad: “Entre los pueblos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno, es la paz”. La paz debería estar antes que las diferencias a veces pequeñas y tan absurdas.

miércoles, 20 de febrero de 2019

ENSAYO SOBRE "TRES HOMBRES Y UNA HISTORIETA"



Los valores nos indican qué es importante para nosotros. Por tal motivo, si para mi algo es importante, entonces, tiene valor para mí y tomo mis decisiones en base a dichos valores.

Para Bart las historietas del Hombre Radioactivo eran más importantes que las de Gasparín. Ahora bien, esta “importancia” o valor, se puede ver reflejada en el precio de un objeto. Esto sería un valor económico y en el capítulo podemos observar que las historietas de Gasparín tienen un costo mucho menor. Sin embargo, el valor económico no tiene que ser igual al valor sentimental: lisa estaba feliz de haber comprado muchos números por tan poco dinero.

Ahora bien, a Homero no le interesa Luisa Lane porque veía más hermosa a la Mujer Maravilla. Aquí observamos, entonces, un ejemplo de valor estético. Cuando apreciamos algo principalmente por su apariencia nos estamos dejando llevar por nuestros valores estéticos. El dibujante que se encontraba en la convención, al revisar los trabajos que le hacían llegar, los rechazaba por motivos estéticos (hay que recordar que algo muy importante en un cómic es la calidad del dibujo).

Cuando algo es muy importante para nosotros, somos capaces de hacer hasta lo imposible para alcanzarlo. Por eso se dice que los valores son la guía de nuestras vidas e incluso pueden darle un sentido. Habrá personas que dedican toda su existencia a la búsqueda del conocimiento, a ayudar al prójimo o acumular riquezas. Bart lo expresó claramente cuando dijo que hasta el momento en que vio el número uno de la revista del Hombre Radioactivo no sabía para qué había venido al mundo. El valor que le da a esta revista es tanto que no le importa hacer hasta lo imposible para conseguir el dinero necesario. En su afán por conseguir el dinero no le importó desperdiciar el refresco o malbaratar la cerveza.

Ahora bien, cuando trabaja para la señora nos enfrentamos con el problema de cómo valorar económicamente un trabajo. Bart trabajó muchísimo y pensaba que le iban a pagar bastante pero la señora consideró (de buena fe) que los cincuenta centavos eran un pago justo. En la vida real esto es muy común: un diseñador gráfico puede suponer que su trabajo tiene un costo pero el cliente supone que debería de cobrarle más barato (de ser posible hasta gratis, a fin de cuentas sólo es un dibujito).

Por eso, en las sociedades se deben de establecer escalas de valores económicos para que no sea el costo que cada quien quiera darle. Es esta una de las razones por las que el tipo de las historietas sigue con el precio de cien dólares por la revista sin importarle los esfuerzos de los niños.

Aristóteles dice que siempre elegimos un bien pero no siempre elegimos bien, los niños consiguieron la revista pero no fue lo mejor para ellos. Al darle más importancia a algo material que a la amistad se pelearon, pusieron en riesgo su vida y perdieron la revista. Habían elegido lo que querían (un bien) pero no eligieron bien (pues la revista les trajo más problemas que beneficios).

Por último, Bart hizo bien al elegir a Milhouse que a la revista porque la vida de una persona siempre será más valiosa (y no de la forma económica) que cualquier revista por muy única que sea. Los valores morales (que incluyen el respeto por la vida humana) deben estar por encima de los valores económicos.